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Para muchos está muy claro que una de las claves para sobrevivir en este mercado impredecible es desarrollar nuevos productos y servicios que no existen en el portafolio de la empresa o mejorar de manera diferencial los ya existentes, crear nuevas estrategias de mercado; dicho de otro modo… INNOVAR.

Pero si es tan obvio y evidente ¿por qué algunas empresas no desarrollan culturas innovadoras? La gestión de iniciativas de innovación es en realidad bastante difícil, mucho más difícil de lo que puede parecer al principio.

Una organización no desarrollará una cultura innovadora sólo por decir en sus presentaciones corporativas que la innovación es uno de sus valores o rasgos característicos de su cultura. Si realmente se pretende sentar las bases de una cultura que apuesta por la innovación habrá que hacer algo más que eso.

La principal razón por la que resulta tan complicado desarrollar una cultura innovadora es porque para hacerlo es necesario tener comportamientos diferentes y, cambiar comportamientos implica modificar hábitos y cambiar hábitos implica esfuerzo y determinación de una manera sostenida en el tiempo. Y muchas organizaciones y profesionales no están dispuestos a hacerlo, aunque sean conscientes de las consecuencias asociadas a mantener inamovibles sus estrategias, procesos y sus comportamientos.

Pues bien, ¿por dónde debemos empezar? ¿Qué hábitos deben desarrollarse? La lista puede ser muy variada según cada organización requiera en base a su propia naturaleza, pero estos son algunos comportamientos por los que se puede empezar a trabajar tanto en un plano empresarial como personal.

Confianza: Una cultura innovadora necesita espacios de confianza, porque, sin confianza no se tiene la libertad para hacer cosas diferentes, el control como mecanismo de gestión reprime la capacidad de innovar.

Diversidad en las relaciones: Deja de relacionarte tanto con tus iguales y comienza a construir más relaciones con personas diferentes en entornos diferentes. La diversidad ofrece perspectivas que invitan a ver la realidad desde otros ángulos.

Inteligencia desobediente: Cuestiona las normas, los procesos y las políticas establecidas desde una perspectiva constructiva. La obediencia ciega es el freno de mano de la innovación.

Intuición: Reduce tu capacidad analítica y deja espacio para la intuición. El análisis es un aliado de la razón pero el instinto es un partner imprescindible para fomentar la innovación.

Aceptación del error: Deja de penalizar el error y comienza a reconocer el valor que se esconde detrás de él. Desarrollar y evolucionar implica intentar y cuando se intenta algo el error es parte de la ecuación… Sin error no hay innovación…

Curiosidad: Practica el arte de hacer (te) preguntas y abandona el hábito de buscar y dar respuestas, no eres una enciclopedia. La curiosidad es el desencadenante del descubrimiento y este, es el motor de cualquier innovación.

Finalmente es importante mencionar que se debe tratar de sonreír con los planteamientos imposibles y ridículos y permitir que se lleven a cabo. Innovar implica ser original, diferente. Desarrollar culturas innovadoras es una cosa muy seria, pero no debemos olvidar que innovación también debe ser sinónimo de diversión!

 “La mejor manera de empezar algo es dejar de hablar de ello y empezar a hacerlo”. Walt Disney

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